La Primera Pila de Agua Potable en Santiago.

Nuevamente con temas de Tradiciones Coloniales, hoy con el agua potable ya en estos tiempos privatizada y carísima, pero para ustedes la historia de la primera Pila de Agua en Santiago del Nuevo Extremo.

Carlos Valenzuela Solis de Ovando nos cuenta esta historia...

LA PRIMERA PILA DE AGUA POTABLE EN SANTIAGO

palacio-la-moneda_1_pila_de_agua_potable.jpgDesde que don Pedro de Valdivia fundó Santiago, hasta 1577, o sea por más de treinta años, los pobladores se surtieron de norias domésticas o del agua del Mapocho, que no era otra cosa que barro diluido, producto de turbiones calcáreos y arcillosos. Ese año se comenzó a construir un canal a tajo abierto, para traer el agua de las vertientes de Tobalaba hasta la ciudad, beneficio que se logró en forma muy inestable sólo tres años después, en 1578.

Según el historiador señor Rene León Echaíz, el primer trabajo fue realizado por Diego Juárez, pero como no diera el resultado que este
esperaba, el Cabildo contrató a Carlos Molina. Posteriormente, en 1597, el Rey autorizó una contribución especial para financiar los arreglos
necesarios. Desgraciadamente, el cauce se cubría constantemente de lodo, hasta que terminó por obstruirse.

El último día de la Pascua de Pentecostés de 1609, o sea en. pleno otoño, se produjo la primera y terrible inundación del Mapocho, que, además de ocasionar ingentes daños en la ciudad, tapó totalmente el canal. La tragedia hizo bajar de las fronteras al gobernador García
Ramón, que encargó al agrimensor Ginés de Lillo la construcción de los primeros tajamares, y la reparación definitiva del conducto que traía el
agua desde los faldeos cordilleranos.

Años después, el Cabildo ordenó que se volviera a poner en uso la antigua acequia, y los trabajos tuvieron distintas alternativas ocasionadas
por los terremotos y salidas del río, que demoraron bastante su construcción. Bajo el gobierno del presidente Meneses las obras mostraron un pequeño adelanto, pero más tarde debieron ser suspendidas a causa de la falta absoluta de fondos de la corporación. Era tal su pobreza, que la Real Audiencia llegó a ordenarle que no hiciera gasto alguno en el recibimiento del nuevo presidente, don Juan Henríquez.

La argamasa y los materiales que se habían empleado en su construcción eran de tan mala calidad, que el Cabildo se veía en la necesidad de pagar permanentemente a un albañil para que estuviera haciendo las refacciones necesarias.

Pero don Juan Henríquez era gobernador progresista, y determinado a dotar a la ciudad de agua potable, logró que se celebrara un acuerdo entre el Cabildo, representado por su procurador José González Manrique, el síndico del convento de San Francisco, capitán Francisco
Bardeci, y el de las Monjas Claras, don Juan de Toro. El convenio contempló el financiamiento por terceras partes, de un canal a tajo abierto que tendría vara y media de alto y tres cuartas de ancho, revestido de "cal y canto", usando para ello una piedra traída desde Valdivia, conocida con el nombre de cancagua y despreciada por ser débil y blanda.

canal_san_carlos.jpgEl cauce correría desde los manantiales de Tobalaba, más particularmente del estero de Rabón, hasta el lugar que se llamó Las Cajitas de Agua, hoy Plaza Baguedano o Plaza Italia, donde existía un huerto de ciruelos de un vecino llamado Tomás Pebres.
El nombre de las vertientes aparece reiteradamente mencionado en las Mensuras de Ginés de Lillo, como de Rabón, seguramente nombre
indígena. Pero más tarde, posiblemente como premio a la preocupación del gobernador García Ramón por abastecer de agua limpia a la
ciudad, comenzó a llamársele como "agua de Ramón", nombre con que aparece en todas las crónicas posteriores a 1610.

Desde las Cajitas de Agua se llevó por tuberíasi de greda cocida, enterradas a cinco o seis metros de profundidad, hasta las tres pilas,
ubicadas una en cada convento, y otra en la Plaza de Armas para el uso público. Estos caños se rompían constantemente, y en cada ocasión
debieron practicarse profundos hoyos para su arreglo, que, al decir de Vicuña Mackenna, "solían tener las calles de los barrios orientales
hechas arneros por las excavaciones para repararlas, especialmente en la directa del Alto del Puerto a la plaza por donde venía el tubo madre".

Cerca del término del siglo, se consideró que el agua de Ramón era nociva para la salud, y el Cabildo ordenó reemplazarla por la proveniente
de Vitacura, de la acequia de Longopilla, que continuó corriendo libremente por el acueducto casi un siglo, con toda la pureza del manantial.

Los pobladores iban a beberla en su estado natural del mismo tajo abierto, convirtiendo el lugar en un sitio de recreo, lo que hizo con seguridad que más adelante se transformara en un hermoso paseo.

pila_de_agua_potable.jpgLo curioso del caso y que demuestra además la gran, diligencia del presidente Juan Henríquez, es que, antes da un año de su llegada, ya se
estaba fabricando la pila e iniciando los trabajos de aducción, bastándole sólo el acuerdo verbal de las tres partes que financiaron el proyecto,
pues la fuente quedó instalada en 1672 en la Plaza, y la escritura entre el Cabildo, los franciscanos y las clarisas, se vino recién a protocolizar
el 2 de octubre de 1682, ante el escribano don Matías de Uga.

Modelar y fundir una pila de bronce, en aquellos tiempos, era tarea difícil, pero el presidente Henríquez no se arredró e hizo traer de las
fronteras, en plena guerra de Arauco, a un armero español llamado Alonso Meléndez, que sabía de fundición; y mientras éste se preocupaba
de su fabricación, destinó a un mulato de su servicio, excelente albañil, para que se encargara del cauce.

La fuente en que se surtieron los santiaguinos por cerca de dos siglos, tenía una columna de bronce con treinta y tres caños que remataba en
una elegante taza. Desgraciadamente, la negligencia de muchos ediles hizo que la hermosa pila, que debería estar en un museo, sufriera una
larga odisea.

En 1838 fue sacada de su original ubicación y trasladada a la plazuela de San Miguel, hoy Gratitud Nacional; de allí se le llevó a la plazuela de
la Recoleta Franciscana, luego al Cerro Santa Lucía, y finalmente al Palacio de la Moneda, donde actualmente se halla ubicada en su patio
principal.

Todavía se puede leer con gran dificultad una inscripción en forma de espiral en su columna, que dice:

 "GOBERNANDO EL MUY ILUSTRE SEÑOR JUAN HENRIQUEZ GOBERNADOR Y CAPITÁN GENERAL. - ALONSO MELENDEZ ME FECIT".

Posteriormente, en 1783, se produjo otra gran inundación, a la que por los daños ocasionados se le llamó durante mucho tiempo> "la avenida
grande". La enorme cantidad de lodo que acarreó, cubrió totalmente el canal, privando a los santiaguinos de este beneficio.

Nota: Se dan cuenta que ya en esos tiempos se hablaba de los hoyos en las calles...

Fotografías: 1) Pila de agua potable, en el Patio de los Naranjos, Palacio de La moneda. Chile. 2) Canal San Carlos, en su paso por Tobalaba. 3) Pila de Agua Potable.

(Ir a el Convento de San Francisco)

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